# Nuevos hallazgos en la Villa de Popea, la residencia de la esposa de Nerón situada entre Pompeya y Herculano

En **Oplontis** (hoy Torre Annunziata), la antigua ciudad entre Pompeya y Herculano a la sombra del Vesubio, la tierra sigue cediendo lentamente sus secretos mejor guardados. En la **Villa de Popea**, esa fastuosa residencia atribuida a la segunda esposa del emperador **Nerón**, el tiempo no se detuvo en el año 79 d.C., sino que simplemente cambió de curso. Hoy, un meticuloso proyecto de excavación y restauración está reescribiendo, palabra a palabra, pincelada a pincelada, nuestra comprensión de uno de sus espacios más emblemáticos: el refinado **Salón de la Máscara y el Pavo Real**.

Esta es la caption

El proyecto, impulsado tanto por la necesidad de resolver cuestiones estructurales en el sector oeste de la villa, que linda con la vía urbana de _via dei Sepolcri_, como por urgencias conservativas, se ha convertido en una ventana de oportunidades. Su objetivo trasciende la mera excavación: busca tejer una conexión física y narrativa con el contiguo _Spolettificio_ Borbónico, un espacio que en los próximos años albergará nuevos museos, almacenes y servicios. Pero el verdadero tesoro, por ahora, se encuentra bajo el suelo del ya célebre salón, decorado en el elegante y arquitectónico **II estilo pompeyano**.

arte egipto
uno de los paneles mas antiguos

Gabriel Zuchtriegel, Director del Parque, explica con palpable expectación que, a pesar de los esfuerzos interpretativos de las primeras excavaciones, la configuración real de este ambiente y los adyacentes estaba plagada de incertidumbres. _La actual intervención de escavación podrá clarificar_, afirma, _además de poner en luz nuevas porciones decoradas con extraordinarios detalles y colores, de los cuales ya podemos admirar algún anticipo_.

Y vaya si los hay. De la tierra húmeda y compacta han comenzado a emerger, como fantasmas cromáticos, **nuevos fragmentos de esos frescos** que hicieron famoso el lugar. Entre ellos, destaca la figura íntegra de una pava real, una hembra que se posa de manera especular al majestuoso macho ya conocido en la porción sur de la misma pared, completando así una escena de rara simetría y vitalidad.

Junto a la elegante ave, ha aparecido otro personaje, esta vez del mundo del espectáculo: una **máscara teatral**. Pero no se trata de la máscara trágica que ya se conocía en el salón, sino de un rostro cómico, identificado como **Pappus**, un viejo chocheante y presumido que intenta, sin éxito, aparentar juventud y que suele ser el hazmerreír de las obras.

Este hallazgo introduce una nota de humor popular, de la _Comedia Atellana_, en un ambiente de refinada decoración, sugiriendo un programa iconográfico más complejo y variado de lo supuesto. Otros fragmentos revelan parte de un trípode dorado, encerrado en un círculo u *oculus*, un motivo que encuentra su paralelo en otra pared del mismo salón, donde ya se conocía la representación de un trípode de bronce.

La ciencia de la arqueología no solo desentierra objetos, sino también paisajes. Mediante la técnica de los vaciados, los investigadores han podido capturar las huellas, los moldes naturales, de los **árboles que adornaban el jardín** contiguo al salón. Estos árboles, posiblemente olivos según análisis arqueobotánicos previos en estancias adyacentes, no estaban dispuestos al azar; seguían un esquema ornamental preciso que duplicaba, en la naturaleza, el ritmo del columnado del pórtico sur, un diseño sofisticado documentado también en otras domus pompeyanas y en **Oplontis** misma.

Pero el salón es solo el inicio de la historia. La excavación ha permitido identificar **cuatro nuevos ambientes** que se suman a los 99 ya catalogados de la villa. Entre ellos, destaca una estancia con forma de ábside, que muy probablemente formaba parte del sector termal de la residencia.

Y la geología también ha hablado: se ha detectado un ***paleoalveo***, el cauce fosilizado de un torrente estacional que discurría precisamente por el trazado de la actual _via dei Sepolcri_. Este cauce se formó tras la gran erupción del Vesubio en 1631, que erosionó parte de los depósitos de la erupción del 79 d.C., y su identificación ayuda a reconstruir con mayor claridad la evolución del paisaje y la interacción, a largo plazo, entre el asentamiento humano y el entorno natural. _Estos primeros resultados ofrecen nuevas y prometedoras perspectivas de investigación para el conocimiento de la planimetría de la villa_, añade Zuchtriegel.

Mientras la tierra se retira en el salón principal, en otra zona de la villa, en su área suroccidental, el trabajo es de precisión milimétrica y de recuperación de la luz. En dos pequeños y preciosos ***cubicola*** o dormitorios, un equipo de restauradores lleva casi un año devolviendo el esplendor a una decoración que, pese a todo, nunca perdió su grandeza. Estos espacios, destinados al reposo, son un compendio de las artes decorativas romanas: estucos, frescos, bóvedas pintadas y mosaicos de extraordinaria belleza. La paleta de pigmentos utilizada, que incluye el costosísimo **azul egipcio**, y la altísima capacidad técnica de los ejecutantes, revelan un nivel de lujo a la altura del resto de la villa.

El objetivo es recuperar la plena legibilidad de estas obras, perdida por el deterioro de los materiales originales y por la alteración de los productos utilizados en restauraciones anteriores. El primer ***cubiculum***, decorado en II estilo, juega con la ilusión: finge mármoles y arquitecturas fantásticas que expanden visualmente el espacio. Su bóveda, con un motivo de casetones, y sus lunetos con paisajes, hablan de un arte narrativo y arquitectónico.

Desde aquí, un estrecho pasaje conduce a un segundo ambiente, aparentemente más sobrio, decorado en **III estilo** con fondos monocromos y motivos florales. Este segundo cuarto muestra varias fases de realización, algunas inacabadas, lo que sugiere que estaba siendo remodelado en el momento de la erupción, congelando en el tiempo un instante de obra viva.

Un detalle conmovedor completa la escena: los **vaciados en yeso de las hojas de las puertas y ventanas**, realizados en el momento del descubrimiento de estos ambientes según la técnica derivada del método Fiorelli, que aún conservan las trazas originales de la madera carbonizada. El trabajo de restauración, que ahora afina los últimos detalles con retoques pictóricos para una perfecta legibilidad, ha sido óptimo. Ha devuelto los colores vivos y los detalles que el tiempo había apagado, permitiendo que estos espacios íntimos vuelvan a respirar con la intensidad cromática con la que fueron concebidos.

Así, entre el grandioso salón abierto al jardín y los íntimos dormitorios, entre las máscaras del teatro y los pavos reales eternos, la **Villa de Popea** sigue revelando su historia. No como un museo estático, sino como un yacimiento vivo donde cada pincelada recuperada, cada huella de árbol identificada y cada nuevo muro descubierto, reconfiguran nuestro mapa de aquel mundo sofisticado y frágil que **un día de octubre** (o agosto, según las fuentes) del año 79 el Vesubio decidió preservar, de la manera más trágica y extraordinaria, para la eternidad. La excavación continúa, y con ella, la promesa de nuevas historias por desenterrar.

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